ALEJANDRO MAGNO en 2016

La actual situación política que vivimos en España, ha llegado a convertirse en motivo de vergüenza para la mayoría de los ciudadanos. Y de descrédito para la clase política. Por eso reflexiono desde la decepción pero también desde la esperanza… porque hay ejemplos en quién mirarse y de quién aprender… algunos, a pesar de los siglos, son totalmente actuales, sujetos a los mismos temores y víctimas de similares intrigas, pero también con fuerza y voluntad para cambiar las cosas. Y es que existen personajes históricos elevados a la categoría de mitos, por razones que les hacen parecer superiores al resto de los mortales, y curiosamente su grandeza estriba en su gran coraje como humano. Han pasado más de 2.000 años desde que Alejandro Magno conquistó el mundo conocido, y sigue fascinándonos generación tras generación.

Muchos nos hemos preguntado cuál era su sueño, para conseguir alimentar su insaciable sed de peligro, éxito y conquista de un modo tan magnífico.

Creo que podría estar toda una vida estudiando e investigando sobre él y jamás me cansaría. Me impresiona que asumiera desde su adolescencia responsabilidades políticas, y consiguiera fundar uno de los mayores imperios de la historia antes de morir cuando iba a cumplir los 33 años. Sin duda hombre culto y versátil instruido por Aristóteles y a la vez tenaz y valiente, capaz de plantar cara a cualquier adversidad con una fe inquebrantable en el mismo. Sabiendo que sus límites estarían donde él los pusiera y no donde los pusieran los demás. Y con la certeza que un imperio se construye con cimientos de verdad y no de barro. Por eso ante su figura descubres su admirable habilidad táctica en el campo de batalla y un espíritu temerario que hicieron de él, el guerrero más formidable de todos los tiempos, dentro y fuera del campo de batalla.

Y es que me impresiona profundamente su forma de entender la vida, pero todavía más la forma de entender la muerte… todo un símbolo de grandeza y de consciencia del sentido de los que somos.

Cuando estaba a punto de morir, Alejandro Magno convocó a sus generales y les informó de sus tres últimos deseos: Pidió que su féretro fuese llevado en hombros por los propios médicos de la época. Que todo el oro, la plata, las piedras preciosas… los tesoros que había conquistado a lo largo de su vida fueran esparcidos por el camino hasta su tumba. Y que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, y a la vista de todos.

Uno de sus generales, asombrado por tan insólitos deseos, le preguntó a Alejandro cuáles eran sus razones. Alejandro le contestó: Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos no tienen, ante la muerte, el poder de curar. Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen. Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos.

Somos lo que sentimos y por lo que luchamos, todo lo demás pasará. Es posible cambiar las cosas si cambiamos nuestro modo de verlas, y de sentirlas.

Alcoy, 17 de octubre de 2016

Edu Tormo

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