500 DÍAS Y 500 NOCHES

 

Esta semana celebro por partida doble: por un lado mi cumpleaños, algo que siempre es una ¡buena señal! Y en el que he recibido el cariño y la cercanía de mi familia, de mis amigos… Pero también el de muchas más personas que apenas conozco, quizá por qué por otro lado, se cumplen 500 días de mi juramento, mi compromiso, como Concejal de Alcoy y eso me hace más visible. Confío en que no sea sólo por eso, sino porque consiga trasmitir lo que creo que ha de ser la política.

Reflexiono en los motivos por los que un día, hace ya más de 25 años, tome la decisión de afiliarme al Partido Popular y los que me llevaron a aceptar la propuesta de entrar de número dos en la candidatura municipal de mi partido en 2015… ¡Son los mismos!

Firmes e intactos a pesar de la ingenuidad que uno tiene a los 21 años y después de haber vivido este último año y medio la experiencia de defenderlos desde mi lugar de Concejal.

Sé que el momento en que he accedido a la política activa, es convulso, y justamente ahora es cuando más desprestigio tiene… Es difícil representar una posición vilipendiada por una corrupción de la que miles de compañeros y yo no somos culpables sino que condenamos enérgicamente…

Pero no me quejo, al contrario, lo decidí con la libertad de saber lo que significa tener las manos limpias y la conciencia tranquila. Lo que defendí hace 25 años, lo defiendo ahora: que uno tiene que venir a la política a servir y no a servirse, a aportar ideas que mejoren la sociedad y la calidad de vida de los ciudadanos, a solucionar los problemas de las personas y no a crearlos. En resumen: ser capaz de cumplir los compromisos adquiridos con los votantes y con uno mismo. Shakespeare dice que “Sí eres fiel a ti mismo no podrás ser falso con nadie”…. Pues eso.

Y desde luego es necesario que seamos capaces de ilusionar a las personas, de crear, de construir, de acercar la política a la sociedad, y que la sociedad pueda utilizarla como una herramienta más para cambiar el mundo a mejor.

En estos 500 días he aprendido que “Unas veces se gana y otras se aprende” (Alex Rovira), he aprendido a admitir las críticas constructivas y a estudiarlas para mejorar primero como persona y después como político. Además también he aprendido a obviar aquellas críticas vacías, que en realidad no aportan ni discrepan en nada, que simplemente utilizan la descalificación como arma arrojadiza, pues nada…Cito la sabiduría de Cervantes: “Ladran… luego cabalgamos”. Y he ganado la certeza de saber que nada de lo que es importante en la vida es fácil, pero merece la pena.

Alcoy, 28 de octubre de 2016

Edu Tormo

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